El impacto del estrés en el desarrollo de capacidades cognitivas y relacionales en la primera infancia en contextos de pobreza crítica 

Resumen de proyecto de investigación en proceso de elaboración 


Marcia Rivera Hernández 

Enero 2024 

Los altos y prolongados niveles de estrés, denominado ya como tóxico en la literatura científica, que sufren niños y niñas de familias afectadas por la pobreza fue declarado en 2012 una epidemia nacional por la Academia Americana de Pediatría. Investigaciones de los últimos años, realizadas en importantes centros de Estados Unidos, Inglaterra, Francia y Alemania, entre otros, sugieren que tenemos el conocimiento necesario para garantizar un mejor futuro a todas las personas, con una mejor distribución de las oportunidades, si erradicamos la pobreza, la adversidad y la vulnerabilidad que la mayoría de la población infantil del mundo enfrenta en sus primeros años de vida. Gracias a la notable convergencia de nuevos conocimientos en neurobiología, cronobiología, endocrinología, el genoma humano, y los efectos de las experiencias tempranas en el aprendizaje y conducta posterior, la información que se está generando sugiere que en todo el mundo tenemos que repensar muy seriamente la orientación de las políticas sociales para enfatizar mucho más en la primera infancia. 

En la última década, decenas de estudios desde diversas perspectivas coinciden en señalar que la primera infancia, desde el nacimiento hasta los 5-8 años de edad, es la base sobre la cual una sociedad puede construir un buen nivel de salud física y mental de su población a futuro, así como generar las estructuras que permitirán el crecimiento económico, la responsabilidad cívica y el desarrollo humano. Además, las guerras, las migraciones, la incidencia del narcotráfico, se han convertido en generadores de altos niveles de estrés, del cual también los más chicos sufren. 

En Puerto Rico, la mayoría de los niños y niñas enfrenta cotidianamente situaciones de carencias, maltrato, y violencias diversas. Buena parte de nuestra infancia crece en familias disfuncionales con alta prevalencia de alcoholismo y drogadicción; habita vecindarios acosados o controlados por el narcotráfico y no está en condiciones óptimas para iniciar su proceso de aprendizaje formal en la escuela. La situación sigue siendo muy grave dado que, según el anuario Kids Count Data Book de 2021, el 83% de los niños y niñas en Puerto Rico viven en zonas de alta pobreza y el 57% vive bajo niveles de pobreza. Otros datos preocupantes son los siguientes: i) el 63% vive en hogares monoparentales; ii) el 39% de quienes tienen 3 y 4 años no asisten a un centro de educación preescolar; y iii) el 99% de estudiantes de octavo grado tienen logro insuficiente en matemáticas. Analizados desde la perspectiva de las nuevas investigaciones científicas, todo parecería indicar que muchos de los problemas sociales que se verifican en Puerto Rico hoy tienen raíces que se remontan a la primera infancia, dado el persistente alto nivel de pobreza y de desigualdad social que ha tenido Puerto Rico a lo largo de más de un siglo. 

Los estudios sobre la relación entre pobreza y las capacidades cognitivas se iniciaron hace más de setenta años y permitieron reconocer la malnutrición y otros factores ambientales como elementos clave del desempeño de la escuela y el posterior bienestar psicológico. Sin embargo, no fue hasta hace poco más de una década que la investigación científica ha develado el devastador impacto neurobiológico del estrés sobre la capacidad cognitiva y relacional de los niños nacidos en un medio de adversidad. (J. P. Shonkoff, 2011; C. Blair , 2012). 

Una nueva cepa de literatura científica ha comenzado a identificar el estrés tóxico como el disparador de un gran número de problemas que se verifican hoy en países donde no se ha podido superar la pobreza de sectores significativos de la sociedad. Según hallazgos científicos, los altos niveles de estrés parecen estar asociados también con el desarrollo de conducta antisocial en la juventud, con niveles más bajos de salud física y mental a lo largo de la vida, así como con desempeño errático en el mundo del trabajo en la edad adulta. 

Los resultados de estos estudios son tan contundentes que la edición de enero 2012 de la revista de la Academia Americana de Pediatría hizo una advertencia general sobre la epidemia de estrés tóxico en niños y niñas en los Estados Unidos. La Academia también publicó un informe técnico sobre el tema. La conclusión fue clara y precisa: “tenemos que movilizar todos los recursos, públicos y privados, para dirigir la atención al estrés tóxico, una enfermedad que pone en peligro el futuro de la sociedad en su conjunto”. (AAP, 2012 ) El informe técnico señala que "muchas de las enfermedades de los adultos deben entenderse como trastornos del desarrollo que se iniciaron en la primera infancia. Las persistentes disparidades de salud asociadas con la pobreza, la discriminación o el abuso, podrían reducirse significativamente si se reduce el estrés tóxico en la infancia.” 

Comprender la biología del estrés es imprescindible para ubicar éste como un factor esencial del proceso de crianza familiar y del proceso educativo escolar. Sobre la base de investigación empírica, numerosos científicos han concluido que el estrés tóxico incide negativamente en la formación de la arquitectura y el buen funcionamiento del sistema cerebral, especialmente porque afecta las conexiones neuronales en la corteza pre-frontal, donde se encuentran las llamadas "funciones ejecutivas". Esta zona define la capacidad de guardar información, de razonar y resolver problemas; inhibe las respuestas automáticas o impulsivas a los estímulos; y regula la atención y la emoción. Todas estas funciones son esenciales para un buen rendimiento académico y para el desarrollo de las personas a lo largo de la vida. Por lo tanto, la eliminación de las condiciones que generan altos y prolongados niveles de estrés en la infancia es esencial para mejorar el desempeño escolar general, para atajar la deserción escolar en los niveles medios, y para posibilitar el desarrollo de los talentos y capacidades de todos los niños y niñas. 

Tres hormonas - cortisol, norepinefrina y epinefrina - se generan en condiciones de estrés. Los niveles excesivos y persistentes de éstas, especialmente del cortisol, han demostrado ser perjudiciales para muchos órganos del cuerpo, incluyendo numerosas funciones que se alojan en el cerebro. Los niños y niñas expuestos a estrés tóxico suelen tener un rendimiento escolar más bajo, en particular en habilidades secuenciales y de memoria, debido a que sus capacidades cognitivas no se han podido desarrollar plenamente. (Lacunza, Contini y Castro, 2010) Las hormonas del estrés también disminuyen la actividad de la mente consciente y aumentan los reflejos instintivos. Es muy sólido el consenso de la comunidad científica internacional en relación al impacto de la "adversidad temprana" en la salud mental y física de una persona. (Gabor Maté, 2003, 2009) 

Hasta hace poco, los debates educativos habían reconocido los efectos negativos de la pobreza sobre el rendimiento escolar en relación a la desnutrición, a la falta de la estimulo por parte de los padres, o la falta de libros y revistas en sus familias. En general, el análisis de las correlaciones entre el rendimiento escolar y la pobreza se ha centrado en el examen de los impactos sociales, pero no en los fisiológicos, como lo hacen las nuevas investigaciones. Los últimos hallazgos científicos, nos obligan a considerar seriamente la amenaza que el estrés tóxico representa para el futuro de las sociedades, habiéndose comprobado los cambios fisiológicos que operan hasta el nivel celular. Cuestiones tales como la agresividad, la intolerancia, la violencia, la alta prevalencia de enfermedades mentales, así como del corazón y la diabetes en los adultos, se asocian en estos nuevos estudios a los efectos de los altos y prolongados niveles de estrés en la infancia. 


Resumen de algunas investigaciones sobre el impacto del estrés tóxico en la infancia 

Debido a que los factores que generan estrés se han incrementado de manera espectacular en las últimas décadas, sobre todo en las zonas urbanas, es esencial estudiar más a fondo su impacto sobre los más vulnerables: los que están bajo la línea de pobreza. La buena noticia es que una sencilla y barata prueba de saliva permite medir los niveles de cortisol y abrir el camino a la evaluación de la magnitud del daño que el estrés tóxico puede hacer. 


El reto de investigar el estrés tóxico en la infancia en América Latina 

Si bien algunos sectores de las comunidades pediátricas de la región están informados de muchas de estas investigaciones, el tema no está instalado en la discusión académica, ni entre las comunidades educativas, ni tampoco en la ciudadanía. La formulación de propuestas para la reforma del sistema educativo, considerada urgente en muchos países, no suele abordar este urgente tema. 

Un desafío a superar en la región es la dificultad para realizar investigaciones interdisciplinarias, interinstitucionales y comparativas, como se requiere en este tema, que necesita involucrar a especialistas en neurociencias (estructura, funciones, bioquímica, farmacología y patología del sistema nervioso), así como de la biología del cerebro, de cronobiología, de psiconeuroinmunoendocrinología (PNIE); a psicólogos y psiquiatras; a especialistas en sociología, en educación y en pedagogía, y también a expertos en políticas sociales y desarrollo humano. 

Desde el Instituto Latinoamericano de Educación para el Desarrollo (ILAEDES), hace unos años comenzamos a estimular este debate en comunidades educativas y a promover el inicio de un conjunto de proyectos nacionales con metodología similar, que realice y sistematice mediciones de cortisol en saliva en distintos cohortes de edad, desde la infancia, en poblaciones bajo el nivel de pobreza, para compararlos con otros grupos de control. Visualizamos una agenda de investigación cuali-cuantitativa que también incluya: 

1. Sondeos entre directores y docentes de centros preescolares sobre la percepción del estrés y la ansiedad en los alumnos.

2. Estudios etnográficos de la vida cotidiana de niños y niña de 1 a 5 años.

3. Estudios de la correlación que puede existir entre altos niveles de cortisol con diversas variables como la capacidad de aprendizaje, el comportamiento, las habilidades sociales, la respuesta a estímulos, la salud general de los niños, entre otros factores.

4. Análisis de la relación entre niveles de cortisol y oscilación en los ritmos circadianos en niños de diversas edades.

5. Análisis de la posible correlación entre niveles de cortisol y calidad del sueño en niños y adolescentes.

6. Correlación entre altos niveles de estrés e infecciones, asma y otras enfermedades respiratorias que son frecuentes en niños y adolescentes.

7. Análisis de los métodos pedagógicos prevalecientes, especialmente en los currículos que requieren esfuerzos importantes de la memoria.

8. Documentación de la manera de manejar el estrés en el salón de clases y el proceso educativo en general.

9. Análisis de las políticas públicas – educativas, familiares y de salud – que se instrumentan para ver cómo, cuándo y dónde se insertarán políticas correctivas para aminorar los impactos del estrés tóxico en niños y adolescentes.

10. Estudios de fisiopatología del estrés - mediciones de estrés oxidativo en las células, a través de muestras de sangre. 

11. Administración de pruebas validadas ya en otros países para calibrar estrés en niños y niñas.


Este asunto es tan urgente que se necesita un nuevo diálogo e investigaciones colaborativas entre las ciencias sociales y naturales para apoyar políticas públicas innovadoras basadas en la evidencia científica. Se precisa un verdadero cambio de paradigma; que pueda abrir nuevas y mejores vías para el desarrollo de las capacidades humanas, a fin de evitar daños futuros que podrían incidir en el desarrollo personal y colectivo. 


Referencias importantes: 

American Association of Pediatrics (2012) Policy Statement, Early Childhood Adversity, Toxic Stress, and the Role of the Pediatrician: Translating Developmental Science Into Lifelong Health. Ver también el informe técnico The Lifelong Effects of Early Childhood Adversity and Toxic Stress. Disponibles en: http://pediatrics.aappublications.org/content/129/1/e224.abstract y http://pediatrics.aappublications.org/content/129/1/e232.abstract 

Arnsten, A.F.T. (2009) “Stress Signalling Pathways that Impair Prefrontal Cortex Structure and Functions” en Nature Reviews Neuroscience, Vol 10, pp. 410-422, junio. 

Blair, Clancy (2012) “Treating a Toxin to Learning”, Scientific American Mind, September/October. 

Blair, C. y Ursache, A. (2011) “A Bidirectional Model of Executive Functions and Self Regulation”  en Vohs, K.D. y Baumeister, F. Handbook of Self-Regulation: Research, Theory, and Application.  Guilford Press. 

Bradley, R. y Corwyn, R. (2002) Socio Economic Status and Child Development. Annual Review of Psychology, 53, 371-399. 

Center on the Developing Child, Harvard University (2012) Toxic Stress: The Facts. En: http://developingchild.harvard.edu/topics/science_of_early_childhood/toxic_stress_response 

Center on the Developing Child at Harvard University (2011) Building the Brain’s “Air Traffic Control” System: How Early Experiences Shape the Development of Executive Function: Working Paper No. 11. Disponible en: www.developingchild.harvard.edu 

Katayama M, et al. Effects of hypothalamic lesions on lymphocyte subsets in mice. Ann N Y Acad Sci. 1987;496:366-76 

Lacunza Ana Betina; Contini De González, Norma; Castro Solano, Alejandro (2010) Las habilidades cognitivas en niños preescolares. Un estudio comparativo en un contexto de pobreza. Acta Colombiana de Psicología 13 (1): 25-34, 2010 (Bogotá) 

Lupien, Sonia J. et al. (2009) Effects of stress throughout the lifespan on the brain, behavior and cognition, en Nature Reviews Neuroscience, 10, 434-445 (June). 

Maté, Gabor (2003) When the Body Says No: The Cost of Hidden Stress; (2009) In the Realm of Hungry Ghosts. www.drgabormate.com 

National Scientific Council on the Developing Child and Center on the Developing Child, Harvard University (2009) Excessive Stress Disrupts the Architecture of the Developing Brain. Working Paper #3. 

Shonkoff, Jack P. and Levitt, Pat (2010) Neuroscience and the Future of Early Childhood Policy: Moving from Why to What and How. Disponible en: http://www.cell.com/neuron/abstract/S0896-6273%2810%2900675-6 

Velázquez Manoff, Moisés (2013) “The Great Divide: Status and Stress”. New York Times, July 27, 2013. Disponible en: http://opinionator.blogs.nytimes.com/2013/07/27/status-and-stress/?_r=0 


Otras fuentes generales sobre el tema: 

Department of Health and Human Services, U.S. Government Project ABC - Administration for Children and Families 

The Children 's Aid Society and The Educational Alliance. Institute for Human Development and Social Change. 

American Association of Psychoneuroimmunoendocrinology 

Centre for Studies on Human Stress - http://www.humanstress.ca/ 

Peruvian Institute of Psychoneuroimmunology and Mind Body Medicine