Mis pasiones

De la intensa curiosidad infantil hasta decidir que me dedicaría a la investigación en ciencias sociales no siempre fue un curso de aguas  tranquilas. Muchos ámbitos de conocimiento pugnaban en mi interior; en la universidad me interesaban mucho la biología, la física y la química. A veces soñaba con ser arquitecta, pero todavía esa carrera no se ofrecía en Puerto Rico. Aún así, el urbanismo, el diseño, el arte han sido parte fundamental de mi vida desde muy temprano. 

Entré el Programa de Estudios de Honor de la UPR, Río Piedras, en 1964. Allí conocí extraordinarios profesores y profesoras, así como estudiantes con quienes pude seguir una gran amistad a lo largo de la vida. Eran años tumultuosos, con la guerra en Vietnam y el reclutamiento militar de jóvenes como telón de fondo de todo. La visión y práxis interdisciplinaria del Programa de Honor resultó perfecta para mis variados  intereses. Y fue un profesor muy especial, Aristalco Calero, quien me fue llevando hacia el estudio de la economía. Me convencí que desde esa disciplina podría comenzar a investigar e integrar conocimiento de diversos ámbitos. En aquella UPR, por la que siento un amor profundo y por la que lucho permanentemente, tuve una formación de excelencia, que contribuyó muy significativamente a esculpir y a definir mis objetivos y ruta de vida.  

Desde la visión interdisciplinaria, centrada en la concepción de una economía humanista, pude seguir mi pasión por el estudio de los patrones de desarrollo, el manejo del territorio y los impactos al medioambiente. Cuando comprendí las barbaridades que el modelo capitalista ha hecho extrayendo recursos de la naturaleza para enriquecer a los grandes especuladores en el mundo, mi visión dio un giro aún mayor. Entonces, desde la inter y la transdisciplinariedad, me acerqué a estudiar un poco más de biología y de física y a preguntarme por qué no se enseñan estas materias en los currículos de economía, a fin de reducir los disparates que la economía de mercado ha instaurado.

Desde la experiencia universitaria y los principios de la crianza familiar, pude identificar vías para mi desarrollo como investigadora. En mi apasionada e ingenua ilusión juvenil, pensaba que así podría contribuir a la construcción de un nuevo Puerto Rico. Uno, donde todas las personas tuvieran cubiertas sus necesidades fundamentales y pudieran aprender a mejorar su bienestar a lo largo de toda la vida.

Muchas veces me equivoqué. La razón y la lógica no siempre lograron abrir los espacios que antes sentí eran factible construir. Por encima del sentido común y de las ideas de justicia y equidad, estaban los intereses personales de quienes veían la vida como momentos de oportunidad para gozar de beneficios y prebendas, sin importar a quiénes se llevaran por delante. Aprendí a aborrecer la noción de privilegio; el único que me concedo, y que no me lo puede quitar nadie, es el de aprender, de conocer, de tratar de comprender.

 Nunca he buscado limitar mis pasiones y mis cuestionamientos; son parte de mi esencia. Pero he buscado encauzarlas responsablemente; sustentándolas en rigor científico y generosidad humanística; con empatía, solidaridad, cariño, ¡mucho cariño!, como me enseñó mi madre, y con compromiso patriótico, como lo hizo mi padre.  Mis padres y abuelos, mis buenos maestros y maestras, mis compañeros de ruta afectiva y mi hija, así como los maravillosos amigos y amigas que la vida me ha permitido tener cerca, me han permitido un crecimiento sano en todos los sentidos, optimista y esperanzado.

Con esos insumos y los que fui gestando en las formidables experiencias de mis etapas universitarias en la UPR, Río Piedras y en la Universidad de Londres, así como recorriendo el mundo en viajes de estudio y trabajo, fui descubriendo que además de ser puertorriqueña, me siento parte de un mundo mucho más amplio. Puedo sentir en carne propia el dolor que sufren otros pueblos. Como la masacrada Palestina hoy, que enfrenta injusticias brutales y necesita todo nuestro apoyo, y alegrarme con las buenas noticias de cosas que pasan internacionalmente. Así he tratado orientar siempre mi trabajo profesional y la profundización y canalización de mi curiosidad innata.  

Tempranamente, conocí la persecución política contra el independentismo en Puerto Rico y asumí con gallardía el mote de subversiva(o) con que se designaba a quienes deseábamos vivir en un país soberano y trabajar para lograr una sociedad justa y equitativa. Asumí las consecuencias, muy fuertes y dolorosas en muchos momentos, de la discriminación por ser independentista. Y volvería a recorrer el sendero vivido. Pude abrir puertas fuera de Puerto Rico cuando en mi país se me cerraban. Aprendí mucho y pude valorar la necesidad de tomar distancia y no quedar apresada en la burundanga interna, como lo expresaría el excelso Luis Palés Matos.  Aprendí a no temerle al cambio, a la diversidad, ni al diálogo con quienes tengan opiniones distintas a las mías. Pude desarrollar placer y satisfacción innovando, transformando, como hice con CLACSO y en muchos otros de mis trabajos.  Aprendí a dar nueva vida y contenido a lo histórico, a soñar con otros futuros y a reinventarme permanentemente. Así he ido enhebrando el hilo de mi vida.

Investigo para aprender y, sobre todo, para compartir conocimiento con otras personas que no han tenido la posibilidad de acceder a ello. He debido crear desde cero canales de difusión por la extrema polarización política que existe en Puerto Rico, que me ha cerrado espacios vitales, como la propia UPR lo hizo.  Pero aunque me haya dolido, de nada me quejo. Siempre he logrado aperturas que me han llenado de energía para seguir intentando contribuir al despertar de mi amado país, Puerto Rico, tan vejado por el colonialismo y el neoliberalismo.  

Soy optimista, a pesar del agobio que se palpa día a día en mi patria. Lo soy, porque conozco los ríos profundos de solidaridad, alegría y los deseos de superación que subyacen el presente. También he conocido una enorme cantidad de personas-estrellas, que brillan en nuestra sociedad y en otros países, que ayudan a iluminar caminos. Estamos cerca de generar la confluencia necesaria para que ese caudal se manifieste como corriente fuerte de cambio y, como dice un amigo, que las estrellas se conviertan en galaxias promisorias de otro futuro. Busco aportar a que así sea y te invito a formar parte de esa movida.

Cultivo la amistad con entrega y alegría; mis amigos y amigas son un verdadero tesoro y así busco tratarlas.  Desde hace muchos años decidí que el mejor regalo para un amigo o amiga es dedicarle y regalarle tiempo. Por eso, busco regalar cosas que yo misma hago: comidas - dulces, panes, cenas completas; plantas que cultivo, piezas de costura o de diseño que hago,  arreglos florales, collares en múltiples versiones y en muchas ocasiones, para los más pequeños, organizar paseos y excursiones con picnics y divertidos desafíos educativos. 

Quienes han sido mis ayudantes o integrantes de mis equipos de trabajo en distintos espacios a lo largo de la vida tienen un lugar muy especial en mi corazón. ¡Siempre he aprendido tanto de ellos y de ellas! Con la mayoría sigo teniendo amistad estrecha, como con Pedro Adorno, que pasó a formar parte de mi familia cercana hace más de tres décadas y que sigue siendo un referente creativo importante. Destaco y siempre tengo presentes a Nilsa Medina, Lydia Milagros González, Vicky Muñiz, Carmen Tirado y María del Carmen Baerga, todas del equipo de gestión de CEREP hace tantas lunas. En Argentina, a donde llegué en enero de 1992, me sentí acogida profesional y solidariamente por Mario dos Santos, Alejandro Piscitelli, Dominique Babini, Catalina Saugy, Florencia Enghel, Elsa Noya, Gabriela Amenta,  Jorge Fraga y Gustavo Navarro, Javier Jiménez, entre otras personas que me acompañaron con alma, vida y corazón, en la gestión transformadora que llevamos adelante en CLACSO.

Te invito a navegar el resto de este portal en el que he podido reunir buena parte de mi producción vital y que deseo compartir con quienes me conocen, me leen o escuchan en los medios, y también con quienes no he tenido el gusto de conocer. Espero que este esfuerzo entusiasme a otras personas a estudiar, pensar y a dialogar seriamente sobre los temas que necesitamos conocer para construir otros futuros.  Y que anime a muchas personas a crear sus propios espacios en la Internet para aportar a la construcción del patrimonio educativo y cultural de Puerto Rico.